Hemos perdido la cuenta de las formas en las que la Gestación Z ha conseguido sacar de sus casillas a sus jefes y compañeros en el mercado gremial, pero no esperábamos que el choque generacional fuese a establecer tanto ruido como lo está haciendo en redes recientemente con lo que se ha cubo a conocer como la Gen Z stare. El término, que describe cómo los jóvenes se quedan mirando fijamente a su interlocutor en silencio, como un vídeo que está cargando «en buffering», ha terminado despertando un cisma capaz de elevar las cotas de surrealismo a las que nos hemos acostumbrado en esta cruzada.
El engendro de la Gen Z stare se friso en cómo, frente a lo que creen que están recibiendo en forma de preguntas absurdas, contestan con una respuesta de hueco emocional que el resto de compañeros y jefes entienden como una desidia de modales. Mientras los jóvenes aseguran que la actos se limita a agenciárselas unos segundos de silencio para poder pensar en lo que van a aseverar a continuación, el resto ven en la argumento una muestra más de las carencias de la Gestación Z en el entorno gremial.
La Gestación Z tiene otro truco para sacar de quicio a sus jefes
Sus detractores afirman que esos segundos de silencio con la examen fija corresponden a un cargo de atención que los jóvenes arrastran por su excesiva relación con la tecnología, y que por aquello de suceder tenido que luchar con la pandemia y unos primeros primaveras laborales marcados por el teletrabajo, carecen de las habilidades blandas y sociales necesarias para trabajar en equipo.
No ayuda que eso de quedarse «en buffering», como si estuviese cargando el vídeo que están a punto de ver, responda en muchas ocasiones a un silencio irónico y faltón que sirva como útil defensiva para no entrar en conflicto directo. Una suerte de rebeldía en la que no pueden ser acusados de replicar de forma tajante y malsonante, pero que genera una situación igual de incómoda para la persona que tienen delante.

El problema, más allá de ese enfrentamiento entre la Gestación Z y sus jefes y compañeros, crece aún más cuando al cóctel se suman los clientes, ya sea en reuniones de negocio o en el mercado de cara al divulgado, lo que ha terminado de despertar el descontento de sus superiores sumándose al debate en redes sociales.
Encima de cursos destinados a entrenar las habilidades sociales de la Gestación Z, los expertos apuntan a la condición de ofrecer cierto espacio al feedback adentro de las empresas para que los jóvenes puedan platicar abiertamente de qué es lo que ha causado ese repentino desconcierto. Una muestra de confianza que, frente a tiranteces que alejan cada vez más las posturas, sólo parecen tener cabida en forma de chats internos y notas de voz que sigan haciendo de esas relaciones poco aún más impersonal.
Imagen | Tamara Bellis
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